Dentro
de un tiempo, estoy segura, muchos recordaremos el año 2020 como el peor de nuestras vidas. Habrá
sido el año que perdimos nuestro trabajo, lo que es peor; el año en que el
COVID nos quitó a algún amigo o familiar o lo dejó con secuelas que todavía
arrastra. Desde que empezó esta pandemia, he recibido muchos mensajes de
alumnos y amigos que me trasmitían su miedo por lo que estaba pasando, angustia
por lo que pasará o por cuánto tiempo nos queda aún para salir de este túnel que
parece no acabarse nunca.
Muchos
han dado, y siguen dando, mucho: trabajadores del sector sanitario, sobre todo, pero también
policías, voluntarios, reponedores, inmunólogos… trabajando a veces con la desesperanzadora
sensación de que, en vez de unirnos en estos tiempos en que nos necesitamos más
que nunca, el mundo se llenaba de individuos que propagaban el miedo, el resentimiento
y la ignorancia, que enrarecían el ambiente, o hacían más difícil el trabajo de
otros.
Mis
compañeros y yo no pertenecemos a ningún sector de los llamados esenciales, pero
durante el confinamiento, muchos profesores de Pilates ofrecimos lo que
teníamos, hicimos lo posible por mantener el contacto con los alumnos a través
de medios no presenciales y ayudamos a mantener el ánimo sereno y positivo.
Luego
vino la desescalada y nos preparamos para el regreso a la actividad normal, o
todo lo normal que se pudiera. Durante el verano, muchos hemos tratado de volver
a abrir los talleres, respetando y reforzando las condiciones de higiene, y
viendo como la pandemia empeoraba, semana tras semana, y finalmente nos volvía
a mandar a casa.
En
estos momentos, tras tantos meses de lucha, no tengo duda de que la atención a
nuestro cuerpo y a nuestra mente sigue siendo primordial y que las disciplinas
cuerpo-mente, como el Pilates, o al menos como yo entiendo el Pilates, son aún
más importantes que nunca.
El Pilates es ideal para trabajar en casa: ofrece una amplia variedad de
posibilidades para el entrenamiento, sin necesidad de mucho espacio ni aparatos,
es fácil de seguir con una guía audiovisual y lo más importante: acalla el
ruido exterior (esos mensajes de odio y de angustia tan comunes hoy en día a
nuestro alrededor), nos conecta con nosotros mismos, nuestro cuerpo y
nuestra mente: nos modera la ansiedad, la tristeza, la rumiación, nos hace más
estables emocionalmente. Por supuesto, esto nos beneficia personalmente, pero
también beneficia a los que están a nuestro alrededor: más calmados, más
estables, más benévolos, seremos esas personas que ayudan a otros, que
trasmiten serenidad, que hacen, en definitiva, del mundo un lugar un poquito
mejor.
Sigo
en contacto con los alumnos y amigos que necesiten algo de mí. Me tenéis aquí
para lo que queráis. Y os vuelvo a ofrecer lo que tengo. Podéis revisar los
vídeos del canal de Youtube del método Pilates de los Elementos, meditación activa y Danza-Forma, Estiramientos
del confinamiento o de El reto de las formas para que los practiquéis en casa, y
la semana que viene empiezo a colgar nuevos vídeos. Espero que os sean útiles. Y también tenéis los cursos de Udemy.
Cuando
todo esto pase, y pasará, no lo dudéis, volveremos a abrazarnos. Hasta
entonces, mi más cálido saludo virtual.
Post previo: El reto de las formas, 40 en 20